
Las hormonas me están matando. Iba a comenzar con una frase que describiera todas mis idas y vueltas por la ciudad, desde el antro repleto de malagestados que devoraban pan y cerveza en bandera, hasta el local antiquísimo de franklin, en el que las miradas sin una mínima esperanza se mezclaban con las caras rojas (muy rojas) de frío y el olor a cebolla en escabeche y pernil. Pero no, no puedo hacer otra cosa que hablar de. Marcelo trabaja en la construcción, es chofer de grúas de estructuras metálicas y baila al son del reggaetón moviendo las manos hacia todos lados. Es poco gracil para bailar con la parte superior del cuerpo, pero mueve bien las caderas y me rodea con sus brazos grandes, fuertes, tensos. Me cuenta que antes tuvo una moto y que los mecánicos se la echaron a perder. Se ríe, es simpático. Moreno, de mi porte. Insiste en hacerme bailar con un amigo suyo, "el flaco", porque según él "se enamoró de ti". Le digo que no, y con su gran sonrisa me devuelve un "quien no, si eres tan bonita, que bueno así entonces". No le creo, pero me entretiene.
Las hormonas me matan, me baila se acerca, lo permito. Lo abrazo un poco y es que estoy cansada. Me dejo ser acechada y que me tome por la cintura, porque no dejo de pensar en que su espalda es ancha y se abre hacia sus hombros como un férreo volcán invertido. Carajo, no enloqueceré de sífilis, pero en cambio... camino por la ciudad.
1 comment:
hay pasado la prueba de fuego
porque sabias que si pasai por una constru y los obreros no te gritan nnada es porque necesitai un fashion emergency
y bueno ahi ve tú si te entretienen los martillos i el casco
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